Putting it together

by Luismi Cavallé

¿Por qué es divertida la programación? ¿Qué deleites pueden esperar quienes la practiquen?

Lo primero es el puro gozo de crear cosas. Al igual que el niño disfruta con sus castillos de arena, el adulto lo hace construyendo cosas, especialmente cosas que él mismo diseña. Yo creo que este goce es reflejo del goce de Dios en crear cosas, que se manifiesta en la diferencia de cada hoja, de cada copo de nieve.

Lo segundo es el placer de hacer cosas que sean útiles a otras personas. En el fondo, queremos que otros utilicen nuestro trabajo y que lo encuentren útil. En este sentido, la programación no es esencialmente diferente del cenicero de arcilla que el niño hace para “la oficina de Papá”.

Lo tercero es la fascinación de formar objetos complejos de partes móviles engranadas como rompecabezas y verlos funcionar en ciclos sutiles, agotando las consecuencias de los principios incorporados desde el principio. La programación contiene, llevada al extremo, toda la fascinación de la máquina de pinball o de la máquina de discos.

Lo cuarto es el placer del aprendizaje continuo, que nace de la naturaleza no repetitiva de la tarea. De una manera u otra el problema siempre es nuevo, y quien lo resuelve siempre aprende algo: a veces teórico, a veces práctico y a veces de ambos tipos.

Finalmente está el deleite de trabajar sobre un medio tan maleable. El programador, como el poeta, trabaja solo ligeramente apartado del puro material del pensamiento. Construye castillos en el aire, de aire, creando a través del ejercicio de la imaginación. Pocos medios para la creación son tan flexibles, tan fáciles de pulir y de trabajar, tan capaces de contener grandes estructuras conceptuales. […]

Sin embargo la construcción del programa, a diferencia de las palabras del poeta, es real en el sentido de que se mueve y funciona, produciendo salidas visibles y separadas de la construcción en si misma. Imprime resultados, dibuja imágenes, produce sonidos, mueve brazos. La magia del mito y la leyenda se han hecho realidad en nuestros días. Uno teclea el conjuro adecuado y la pantalla cobra vida, mostrando cosas que nunca antes fueron ni pudieron ser.

La programación es divertida, por tanto, porque gratifica profundos anhelos creativos y deleita sensibilidades que compartimos con todos los hombres.

— Fred Brooks, The Mythical Man-Month (1975)

[NOTA: Aquí podéis encontrar el texto original en inglés. Cualquier mejora a la traducción será bienvenida]